martes, 15 de julio de 2008

Largo domingo de noviazgo

Largo domingo de noviazgo: ¿que nos podía ofrecer Jean-Pierre Jeunet, el director de la fantástica y genuina Amelie? Pues una obra muy en su línea, llena de estilo propio y que rebosa toda la personalidad y el cine más personal del mismísimo Jeunet. Se podría definir como una continuación de Amelie en el pasado; como una segunda parte de la vida y amores de Amelie reflejada en el contexto histórico que tiene lugar en la vieja Europa de la I Guerra Mundial. Largo domingo de noviazgo está basada en la novela de Sebastien Japrisot, titulada de igual manera que la cinta de Jeunet.

Es una historia de ficción sobre la desesperada búsqueda que emprende una joven para encontrar a su novio que podría haber muerto en el campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Narrada de forma no lineal y con abundantes flashbacks, cosa normal en el cine de Jeunet, Largo domingo de noviazgo es una completísima obra de amor con ciertos matices de comedia y drama. Jean-Pierre Jeunet puede presumir de ser uno de los pocos directores mundiales capaz de dotar a todas sus obras de ese sello distintivo que las caracteriza y que permite identificarlas al instante. Una vez más, Jeunet demuestra todo su poderío visual en Largo domingo de noviazgo, llenado todos los fotogramas con la más absoluta perfección e innovación fílmica.


Resulta todo un reto llevar a buen una cinta de estas características, saber encontrar el equilibrio preciso de contar una historia de amor en plena Guerra Mundial mediante la incurso de cientos de flashbacks que mezclan pasado y presente no sólo de la vida de su amado Manech, sino la de los otros cuatro soldados sentenciados a la pena de muerte. Y es que aquí es donde encuentro el mayor fallo de Largo domingo de noviazgo, en el confuso entramado de investigación que teje Mathilde para encontrar a su novio. Llega un momento en que resulta casi imposible no perderse entre la multitud de nombres, datos, fechas, sucesos y demás que se narran en las dos horas que dura la cinta. Pese a todo y con un poco de paciencia y atención, se puede seguir el hilo de Largo domingo de noviazgo sin demasiados problemas. Aunque un segundo visionado no estaría de más, para comprender mejor esta preciosa historia y comprender verdaderamente todo su potencial fílmico y artístico.


Jean-Pierre Jeunet ha sido ambicioso en su -hasta ahora- último largometraje, pues ha sabido componer y mezclar el mundo real de una gran guerra como su capacidad imaginativa y creativa llena de referencias personales. Sabe manipular las realidades a su antojo, dotándolas de una estética impresionante llena de ingenio y finiquitándola de forma sobresaliente.


Del reparto de Largo domingo de noviazgo podemos destacar a una omnipresente Audrey Tatou como Mathilde. Es inevitable sacar comparaciones con su tierna y dulce Amelie, por eso no lo haré, ya que dejaría a Mathilde -su personaje en esta obra- casi a la altura del betún en comparación con Amelie. Parece que Jeunet ha encontrado su musa artística con Audrey Tatou, y hoy por hoy, parece casi imposible imaginar a Amelie sin su cara, o en este caso a Mathilde sin su personalidad e inocencia. Completan el reparto Gaspard Ulliel como Manech, Jean-Pierre Becker, Dominique Bettenfeld, la reciente ganadora del Oscar Marion Cotillard y una fugaz aparición estelar de Jodie Foster en una de las mini-historias más bonitas del film.


Del apartado técnico de Largo domingo de noviazgo, destacar como no una preciosista fotografía a cargo de Bruno Delbonnel, capaz de jugar con los ambientes grises y fúnebres de las trincheras francesas, hasta los tonos dorados y cálidos de campiña francesa donde reside Mathilde. Y por supuesto nombrar a un grande de la música como es Angelo Badalamenti (compositor habitual de David Lynch) que logra crear una serie de temas que enfatizan el tono romántico que emana Largo domingo de noviazgo.


Resumiendo, no se puede decir que Largo domingo de noviazgo alcance el nivel de Amelie ni mucho menos, pero es reseñable el notable trabajo alcanzado por Jean-Pierre Jeunet, siempre fiel a su estilo personal. Es innegable la calidad que destila cada fotograma de la obra, y tratar la dualidad narrativa del amor y la guerra mediante flashbacks merece mi reconocimiento. Completa obra con el sello característico de Jeunet llena de magia y romance y con la que Audrey Tatou inunda la pantalla. Puntuación: 8 sobre 10.


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1 comentario:

Victoria dijo...

La veré... no la veré... la veré... no la veré... estoy indecisa... con lo que me gusta a mí la cara-pánfila de la Tautou... :P