martes, 1 de abril de 2008

Una historia verdadera

Una historia verdadera: cuanto menos, el adjetivo diferente es el que mejor define la cinta de David Lynch. Con esta película, Lynch nos descubre su lado menos turbulento y obsesivo, pues tenemos delante una obra sencilla, bien narrada y sin enredos que te atrapa desde el primer fotograma. Y es que en Una historia verdadera asistimos a una visión de Lynch totalmente distinta de las que nos tiene acostumbrados, asistimos a un Lynch "normal" y "ordenado" pues su película es una extravagancia en su filmografía y todo un homenaje al cine más clásico de John Ford.

Resulta complicado resaltar una cinta de Lynch en la que se nos plantee la estructura narrativa básica; esto es planteamiento, nudo y desenlace. Pues contra todo pronóstico, David Lynch firmó en 1999 su obra más coherente y racional. Toda una declaración de intenciones para nuestros sentimientos más profundos, una preciosa maravilla en forma de película; toda una lección de cine. Rodada sin ningún tipo de alarde ni pretensión, con unos medios y una factura de lo más convencional, David Lynch nos presenta una historia de soledades y encuentros, de alegrías y tristezas, de testarudez y valentía de un ser humano.

Creo que es sin duda la película más sencilla que ha dirigido, y no por ello -ni mucho menos- la peor. Dificultad no siempre implica virtuosismo, y ello se hace patente una vez más en Una historia verdadera. La sencillez hecha película puede convertirse en una maravilla. La sencillez de Una historia verdadera, en la compleja mente de David Lynch.

Alvin Straight es un hombre de 73 años, que tras 10 años sin hablarse con su hermano, decide ir a visitarlo tras el infarto sufrido. Con varios achaques a las espaldas y la vista y la cadera casi destrozada, resulta imposible realizar el viaje en coche, y para colmo no hay ningún autobús que lleve directo al pueblo de Minesota donde vive su hermano. Así que Alvin decide montarse en su cortacésped y realizar los más de 500 kilómetros en él.

Queda patente durante su visionado, la perseverancia y constancia del viejo Alvin, el cual está decidido a acabar su viaje como lo empezó. Al frente de la obra de Lynch, encontramos a u veteranísimo Richard Farnsworth nominado al Oscar (y no es para menos) por su actuación. Lynch nos presenta un hombre que no tiene prisa por recorrer su camino; únicamente tiene ganas de acabarlo como lo empezó, en su cortacésped. Su historia es su camino, si bien no importa tanto el origen y el destino como el trayecto en si; un camino de reflexión sobre lo que le ha tocado vivir. Richard Farnsworth está acompañado en el reparto de una Sissy Spacek en decadencia tras su única joya (Carrie), y de un buen puñado de actores secundarios escogidos a la perfección.

Destacar la labor del músico y colaborador incondicional de Lynch, Angelo Baladamenti, y la fotografía de Freddie Francis. Ambos con su trabajo, consiguen elevar el apartado técnico y visual de Una historia verdadera hasta la cota de maestría. La cinta ofrece la agradable sensación de llenar, no sólo la pantalla, sino al público mismo a base de reflexiones y lecciones de la vida.

Una historia verdadera
es una impagable, profunda y conmovedora historia de sentimientos y superación humana. Con un actor protagonista en estado de gracia, una fotografía brillante de la América del medio Oeste y una música electrizante y memorable, la obra de Lynch se convierte en toda una lección de cine de un clasicismo apabullante. Personalmente, prefiero al Lynch misterioso, poético, onírico y embaucador de Mulholland Drive, Twin Peaks, El hombre elefante y Terciopelo azul. Aún así, chapeau David por tu cinta más "normal". Puntuación: 7,5 sobre 10.


Leer crítica de Una historia verdadera en Muchocine.net

2 comentarios:

Cotu dijo...

con esa puntuación, para no pensarselo está el tema, pero tiene pinta de ser un poco...

no sé, no es mi estilo,

Ivan aka Imazur2002 dijo...

A mi me pareció magistral, fíjate que creo que incluso está al nivel de sus mejores obras, una historia de lento discurrir a nivel físico pero de acelerado pulso emocional. Magistral.
Saludos!