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sábado, 10 de octubre de 2009

Déjame Entrar


Déjame Entrar: Tras casi un año sin escribir en el blog, hoy, después de ver los extras de la edición especial de "Déjame Entrar" y rescatar algo de tiempo para redactar algo interesante, me he decidido a volver a la carga. Eso si, vuelvo al 50%, pues entre Rankia, Twitter, idas y venidas Valencia-Barcelona y demás, me veo en la imposibilidad de escribir más allá de 4-5 posts mensuales. Dicho esto, empecemos.

Presentada en el Festival de Sitges del año pasado y en multitud de otros festivales a lo largo del globo y cosechando premios allá por donde pasaba, os presento la cinta de Tomas Alfredson, "Déjame Entrar". Puede resultar un poco atrevida esta afirmación, pero me atrevería a decir, que "Déjame Entrar" es la mejor cinta que he visto a lo largo del 2008 y 2009. Podemos (mal)encajarla como una película de género, pero "Déjame Entrar" es mucho más que una obra vampírica, de terror o fantástica. "Déjame Entrar" es puro cine de autor salpicado de una atmósfera helada que narra la historia de amor entre dos niños: él uno humano y la otra vampiresa; una pequeña draculina que se encuentra perdida en un mundo de adultos.

"Déjame Entrar" bebe -y mucho- del cine y la planificación clásica tal y como la entendemos. En sus primeros minutos ya nos damos cuenta de que no asistimos al cine palomitero propio de Hollywood. Su poderío visual destaca por encima de una cuidada fotografía gélida que muestra las penurias en los años 80 de un periférico barrio de Suecia. Y digo penurias, porque "Déjame Entrar" no habla solamente de vampiros. Habla de la sociedad y su patetismo natural, de la rutina y monoteidad de sus gentes, de una deprimente Suecia de tonos grises, del acoso escolar o bullying que tan presente está actualmente, del aislamiento paterno y del descubrimiento del primer amor. Sobretodo habla de esto último.

El gran poder que tiene "Déjame Entrar" está en su acertado casting. Cuenta el director, Tomas Alfredson, en los extras del DVD, que pasaron 12 meses hasta que dieron en el clavo y consiguieron encontrar a los actores que interpretarían finalmente a Oskar y Eli. Para mi, es con diferencia la labor más importante en esta obra, pues es sobre sus pequeñas espaldas donde recae todo el peso de la película. Sobran los detalles en el resultado final. Un imborrable Kåre Hedebrant como Oskar, ese niño de 12 años atormentado por los matones del colegio y una fantástica Lina Leandersson como Eli, la niña vampiresa que solo busca encajar con su extraña condición en el complicado mundo de los adultos y encontrar el amor que le falta. Ese amor lo encuentra en Oskar, y éste encuentra en Eli ese valor que le falta. Eli libera a Oskar y le da una nueva perspectiva.

Por supuesto, también sobran los detalles entre la química surgida entre ambos niños. Miradas, gestos y unos acertados diálogos, convierten a "Déjame Entrar" en una delicia para cualquier cinéfilo.

Visualmente, "Déjame Entrar" es muy poderosa. Es una película de silencios y gestos. Podríamos hablar (salvando las distancias) de casi una película muda, pues por encima de un sobrio argumento destacan una imágenes grandiosas, planos clásicos, una cuidada fotografía helada y sobretodo una planificación lenta, a la antigua usanza y muy milimétrica. En ocasiones, las imágenes aportan mucho más a la historia que cuando hablan los personajes. De hecho, podría entenderse casi sin problemas el hilo argumental y carga emocional de la cinta obviando los diálogos. El simple roce de una mano sujetando un cubo de Rubik, o el abrazo desnudo mientras duermes en la cama transmite más que cualquier ñoñería artificial con la que nos bombardean las comedias románticas americanas yankees.

Entre las mejores escenas de "Déjame Entrar" , a destacar sobretodo, como se conocen Eli y Oskar en el parque y el soberbio plano que acompaña esta escena. También es soberbio el ataque de los gatos y por supuesto el final en la piscina (una total declaración de amor), donde tarde o temprano se deberá enseñar como clase magistral en cualquier escuela de cine que se precie.

En definitiva, "Déjame Entrar" se convierte al instante en una sombría y a la vez elegante obra de culto cinematográfica que perdurará durante años en la retina del espectador. Un magnífico cuento de hadas bañado por las gélidas temperaturas nórdicas, atormentado y onírico que debería mantenerse inalterable con el paso del tiempo. Una hipnótica maravilla para los sentidos no apta para un público generalista alimentado por el cine comercial y hollywoodiense. Yo solo puedo recomendarla.  Puntuación: 10 de 10.

PD. Se prepara remake americano. Echar a temblar...

martes, 25 de marzo de 2008

30 días de oscuridad

Tras el largo periodo de inactividad (10 días) ocasionado por las fiestas falleras (como buen valenciano) y de Semana Santa, vuelvo otra vez a la carga. Hoy le toca el turno a la última cinta del realizador David Slade, 30 días de oscuridad.

30 días de oscuridad: mucha expectación generó en mi la noticia de que el director de la magnífica Hard Candy iba a dirigir una cinta sobre vampiros. Mi expectación fue bajando cuando me enteré que el actor-héroe responsable de interpretar el personaje principal del film iba a ser un banal Josh Hartnett. Aún así no perdí la esperanza de poder disfrutar de una buena cinta, entretenida, con una buena historia -que no sobresaliente- y las dosis abundantes de sangre y gore que tanto me agradan y que tan necesarias son en este género.

Si bien 30 días de oscuridad no ha cumplido plenamente mis expectativas iniciales, no me ha defraudado tanto como creía tras leer las malas críticas cosechadas en sus primeras semanas de cartelera cinematográfica. Y es que David Slade, director de esta cinta y responsable también de la potente y cruda Hard Candy, es un buen director. Sabe llevar el pulso narrativo a su terreno, y le imprime un ritmo poco convencional en un film de estas características, que si bien puede que no llegue a todo el público, para mi solventa con creces la ardua tarea de tocar un género donde prácticamente está todo visto.

La cinta de Slade parte de un planteamiento inicial de lo más atractivo, pero que conforme avanzan los minutos, va perdiendo fuelle. La acción se desarrolla en un pueblo de Alaska que anualmente le esperan 30 días seguidos de oscuridad total. El sol se pone y durante un mes la noche gobernará sobre el día. Con esta premisa, el pueblo resulta de lo más atractivo para cualquier chupasangre y efectivamente, esta ausencia de luminosidad es aprovechada por el grupo de vampiros creados por David Slade. Aunque no se nos informa de donde vienen los vampiros, poco importa, pues sabemos de sobra que sus intenciones son principalmente alimentarias y en forma de carne humana.

Tras la pausada presentación de personajes, donde la relación entre Eben (Josh Hartnett) y Stella (Melissa George) está un poco cogida con pinzas y carente de interés, comenzará una apabullante y potente puesta en escena, donde los vampiros serán los verdaderos protagonistas de esta historia, relevando a un inexpresivo Josh Hartnett a los últimos peldaños de la interpretación. Y es que en 30 días de oscuridad, queda reflejado que apenas puede aportar otra cosa que no sea su atractivo físico a los personajes que encarna. Y es que sobre él, recae todo el peso de la película al coronarse como el héroe de esta, cosa que le viene demasiado grande. Nadie se cree su actuación, hacha en mano en plan Jack Torrance en El resplandor y degollando vampiros por doquier. Suspenso para la dirección de casting.

En cuanto a la acción desarrollada, David Slade la solventa con bastante elegancia, dotando de la sangre necesaria a las escenas de violencia y quedando patente algunos de los tics más comunes de las cintas de serie B. Eso si, algunas escenas son un mero calco de films como 28 días después o Amanecer de los muertos, y en cuanto a la estética y puesta en escena se nos vienen a la cabeza cintas como Asalto a la comisaría del distrito 13 (la clásica de John Carpenter) o La Cosa también de Carpenter.

Destacar una conseguida fotografía gélida de 30 días de oscuridad, acorde con el clima que representa la película, con claros tonos y filtros azulados y apagados que tan bien sobresalen en contraste con el color de la sangre. Destacar también el brillante plano cenital que nos brinda Slade (muy al estilo de la introducción de Amanecer de los muertos) y en el que se desarrolla la acción en cada centímetro de la pantalla, viendo los numerosos ataques que los chupasangres ejercen a los habitantes del pueblo desde un mismo punto de vista. Sencillamente brillante.

En definitiva, 30 días de oscuridad acaba siendo una propuesta entretenida que gustará a los amantes del género de terror y vampiros; el resto de público abstenerse. Poca cosa nueva es lo que aporta esta cinta, pero pese a ello resulta un producto diferente a pesar de sus tópicos. Se salva por un final bien resuelto que no acaba como cabría esperar; y por una excelente labor de producción, dirección artística y maquillaje. David Slade salva los muebles con una cinta menor a su antecesora pero superior a la media de facturaciones producidas en Hollywood. Y es que era mucho pedir que sellara un film redondo como lo fue en su día Hard Candy, con la maravillosa Ellen Page haciendo las veces de antiheroína. Puntuación: 6,5 sobre 10.

Leer crítica de 30 días de oscuridad en Muchocine.net

viernes, 4 de enero de 2008

Soy leyenda

Soy leyenda: Tercera adaptación cinematográfica de la novela de ciencia ficción de Richard Matheson. Simple y manida versión con un ritmo de lo más irregular en cuanto a narración y acción, uso del flashback totalmente fallido que sólo busca la implicación del espectador sin conseguirla. Esta vez, cambiamos a Charlton Heston por Will Smith, le colocamos un perro que de pena cuando muera -así nos ganamos al publico de lágrima fácil- unos vampiros bastante pobres y muy mal conseguidos, y el resto que lo haga el equipo de marketing con las frases: el último hombre vivo sobre la tierra, o con la secuencia más cara de la historia. Refrito de virus infecciosos (28 días después, Resident Evil, Amanecer de los muertos...) donde sin duda lo mejor transcurre cuando Will Smith se encuentra solo en una Nueva York desierta. Impresionantes planos y recreación de un apocalíptico Manhattan asolado, donde el protagonista se divierte de día cazando ciervos (excelente escena) o yendo de compras, y escondiéndose de noche. Aceptable -no por su originalidad- hasta el momento en que aparecen los vampiros, donde el director pasa a decantarse por el espectáculo 100% americano en forma de presupuesto, y se olvida de todo lo expuesto hasta ahora. Por último, un tufillo semicatólico cogido con pinzas que abunda por doquier en los 15 minutos finales, donde se nos obliga a creer para ser salvados. Atención a los 30 segundos del final, la frase, el sonido de las campanas, la iglesia, las puertas de la salvación abriéndose de par en par y toda la comunidad de beatos que sale a recibirnos. En definitiva, una lamentable adaptación de todo un clásico, irregular, simple y con un uso 100% palomitero debido a toda la pirotecnia empleada. Solo se salva la decente actuación de un creíble Will Smith; salvo eso, Bochornoso. Puntuación: 5 sobre 10