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viernes, 4 de abril de 2008

Blow

Blow: desde que vi Blow quedé cautivado. Cautivado y embaucado por la estremecedora historia real de George Jung, un hombre que lo tenía todo y al mismo tiempo no tenía nada, un hombre en medio de una espiral de poder, dinero, mujeres, traición y oro blanco, mucho oro blanco.

Hace ya tiempo que vengo queriendo escribir una crítica de la que ha sido durante mucho tiempo una de mis películas preferidas y que sin duda está dentro de mi Top 5 de favoritas (que no obras maestras) junto a La Naranja Mecánica (esta si que es obra maestra), Amanecer de los muertos, Los amantes del circulo polar y El club de la lucha. Por cierto, hay que ver lo difícil que es hacer un Top 5 de películas favoritas madre mía, no quiero imaginar tener que hacer un Top 3. Aclarar que son mis preferidas y en ningún caso las considero obras maestras salvo la cinta de Kubrick. Si tuviera que hacer un Top 5 de obras maestras supongo que elegiría: Casablanca, Con faldas y a lo loco, Los 400 golpes, Tiempos modernos y Vértigo.


Pero volvamos a lo que nos ocupa, esto es, la obra del fallecido misteriosamente Ted Demme, Blow. Desde luego para mi, es una cinta como la copa de un pino a la que no le falta ni sobra ni un detalle. Y es que desde el primer fotograma nos damos cuenta de que estamos ante un film diferente, un film con "algo", un film especial que injustamente está muy olvidado en la mente de muchos cinéfilos, pero que con el tiempo -como el buen vino- alcanzará cotas muy elevadas de calidad, y por supuesto la mención que se merece dentro del séptimo arte.

Blow es una cinta que bebe mucho del mundo de Scorsese, con unas directrices muy claras y explicitas influencias del cine del bueno de Martin. Dirigida por Ted Demme, autor de la fantástica Bautiful girls, y escrita por el titubeante Nick Cassavetes y David MacKenna (guionista de American History X), Blow está basada en una historia real y cuenta la historia de George Jung, Pablo Escobar, Carlos Lehder y el Cartel de Medellín de Colombia (organización delictiva más importante dedicada al tráfico de cocaína). Los guionistas crearon el guión para la película a partir del libro publicado en 1993 por Bruce Porter llamado "Blow: How a Small-Town Boy Made $100 Million With the Medellin Cocaine Cartel and Lost It All" (Esnifa: De como un pequeño muchacho de pueblo hizo $100 millones con el Cartel de Medellín y de como lo perdió todo).

Blow nos desvela la estremecedora historia real de George Jung, el primer americano en crear un modelo de negocio de importación de cocaína a gran escala, su ascenso, propiciado por la avaricia y persecución del sueño americano; y su caída, desencadenada por múltiples errores y traiciones de amigos y familiares (vaya zorra la madre). La historia de un hombre, un tipo corriente, que invirtió todo su ingenio, ambición y pericia en un empeño que finalmente perdió por su codicia materialista.

El filme expone el lado más oscuro del glamour de los años 70 y 80, donde no todo era dinero, mujeres y poder. A través de un meticuloso examen de ese mundo de contrabando, de negociaciones implacables, de ejecuciones brutales, de grandes operaciones de blanqueo de dinero, Blow nos propone un viaje al lado de Jung, donde asistiremos impasibles a toda la desdicha de su personaje, a sus alegrías y tristezas, a sus esperanzas y miedos, a su ascenso al poder y su posterior e inevitable descenso a los infiernos. Porque al fin y al cabo, George Jung fue -y sigue siendo- un hombre leal, un hombre consecuente con sus ideales, capaz de luchar con todo para salvar aquello que mas quería, su familia; pero que acabó en una encrucijada formada por el dinero y el preciado polvo blanco.


Blow es de desarrollo ágil, rápido y eficaz. El pulso narrativo es el correcto, acelerado para no caer en la rutina y el aburrimiento. La presentación de los -múltiples- personajes está acorde con el ritmo y la veracidad de los hechos (pues no veremos a Pe hasta pasada casi una hora de metraje). Ted Demme no juzga ni analiza, simplemente desnuda la historia de Jung. No está aquí para dar discursos sobre las drogas (y menos él que murió en extrañas circunstancias) sino más bien para retratar en forma de fotograma el sueño americano. El realizador destripa todo los entresijos de una vida donde las traiciones y el miedo están a la orden del día, y los falsos sentimientos juegan un papel importante en todo esto.

La construcción de los personajes en Blow resulta magistral. Todos están perfectamente retratados e hilvanados, conformando una conjunto coral con multitud de personalidades. Tenemos pues el carácter fiel de su amigo, el contacto afeminado con el que empieza en el mundo de la hierba, la bondad de su primera esposa, el padre trabajador y honrado capaz de perdonar a su hijo en infinidad de ocasiones, la madre egoísta que sólo le importa la opinión del vecindario, su compañero de celda que más tarde le traicionaría, el capo Escobar sin escrúpulos, su actual mujer enganchada al poder y a la cocaína, su inocente hija que únicamente busca el consuelo y el amor de un padre etc.

Y por encima de todos ellos destaca un soberbio Johnny Depp. Un Depp que compone un sobresaliente personaje lleno de matices y personalidad. Un Depp capaz de insinuar con una mirada toda la profundidad de un personaje tan complejo y ambiguo como lo es George Jung. Junto a Johnny Depp destaca un impresionante Jordi Mollá como Delgado. Resulta apabullante la interpretación de un Mollá en estado de gracia, quizá un poco sobreactuado, pero que dota de toda la fuerza e intensidad necesaria a su personaje (impresionante la escena donde Depp descubre la traición de Mollá en la isla). Jordi Mollá retrata un personaje delirante, lleno de altibajos y donde gran parte de su eficacia reside en la expresividad de sus ojos. Ambos construyen una realidad interpretativa impagable, donde el duelo se resuelve en favor de un Depp soberbio. Por su parte, Penélope Cruz está carente de emotividad. Construye un personaje demasiado artificial y neurótico, lleno de gritos e histeria. Se dedica a vagar por arriba y abajo dando muestras de su escasa convicción en el trabajo y estropeando lo que podría haber sido una de sus mejores papeles como actriz. No me convence en absoluto; de hecho es la nota más negativa para un film redondo. Sus ganas de dar el gran salto en Hollywood la llevan a interpretar de una manera tosca y engañosa.

Por lo que respecta al apartado técnico destaca una potente banda sonora que sin duda es el complemente ideal para este tipo de cintas. La gran elección de la música que acompaña al film es una de las bazas más importantes que tiene Blow en su haber. Mención especial merece la dirección artística, de vestuario y maquillaje, pues vemos como durante dos décadas, Depp se marca diferentes modelitos horteras y que tan bien quedan en cintas de estas características (véase, Scarface o Casino).


Resumiendo, Blow es una gran película injustamente olvidada por la crítica y el gran publico. No llego a entender como una cinta con tantísimas cosas buenas haya pasado casi desapercibida. Tal vez nunca se convertirá en Uno de los nuestros o Scarface, pero creo que merece un mayor reconocimiento cinematográfico. Puntuación: 9 sobre 10.


Leer crítica de Blow en Muchocine.net

domingo, 2 de marzo de 2008

Promesas del este

Promesas del este: perfecta, perfecta sería la hasta ahora última cinta del realizador canadiense David Cronenberg sino fuera por sus últimos 10 minutos y por algún que otro incomprensible acontecimiento que tiene lugar durante la trama. Y es que parece que David Cronenberg vuelve por sus fueros a su cine "más normal" (o "menos raro") visto en la fabulosa Una historia de violencia, y se aleja de su cine visceral, paranoico y complejo tipo Videodrome, La mosca o eXistenZ.

Y para ello, en Promesas del este vuelve a contar con su amigo Aragorn en la trilogía de El señor de los anillos (Aka: Viggo Mortensen) y con quien tan bien funcionó la conexión con la anteriormente mencionada Una historia de violencia. Además completa el reparto con una correcta Naomi Watts (que no para de trabajar últimamente) y un demasiado sobreactuado -a mi modo de ver- Vincent Cassel, interpretando a un perturbado personaje como el visto en la controvertida Irreversible. La historia de Promesas del este narra la vida por un lado de Nikolai, chófer de una de las familias más importantes del crimen organizado de Europa Oriental; y por otro la de Anna, una comadrona que trabaja en un hospital de Londres muy afectada por la muerte de una adolescente mientras daba a luz.

David Cronenberg, vuelve dispuesto a reinventar de nuevo el thriller de mafiosos como vimos en su anterior cinta. Pero no es tarea fácil, ya que los cimientos del género están en manos de El padrino, Uno de los nuestros, Érase una vez en América y Scarface. Para ello, el realizador retoma aquello en lo que es un verdadero maestro, y al igual que en Una historia de violencia, indaga en el alma humana y su lucha permanente entre los instintos malignos y la voluntad de bondad. Una historia compleja, dura, realista y violenta; muy violenta. Y es que la violencia está muy presente en todo el cine de Cronenberg, y en Promesas del este el director canadiense no iba a hacer una excepción. Nos muestras las escenas violentas tal y como son; expresivas y duras, de un explícito que asusta (muestra de ello es la introducción, al más puro estilo de la reciente Sweeney Todd) y que te obliga a retorcerte en la butaca. Cronenberg es tan inteligente que se sirve desde el primer segundo de metraje para zambullirte en la crudeza de ese mundo tan particular y violento; consiguiendo lo más difícil, impactar en su público; que sabe de sobra a lo que viene.

Destacar la capacidad del realizador para filmar lo más parecido a una organización criminal del este, pero establecida en la Europa Occidental; vista desde dentro hacia adentro, ya que en ningún momento se adentra más allá de las puertas que separan a la mafia rusa del mundo corriente, no conocemos a sus enemigos, pero este silencio (o ausencia buscada a propósito) del entorno de la organización rusa es donde reside el talento y la sabiduría para sellar esta obra y que alcance el punto de inigualable. Nos muestra la mafia de puertas para adentro.

En cuanto al reparto de Promesas del este, destacar a un sobrio y portentoso Viggo Mortensen (el cual se ha desecho completamente de las vestiduras de caballero de la Tierra Media) en la que probablemente sea la mejor interpretación de su carrera, pues construye a un personaje frió, carente de emociones, pero que curiosamente es capaz de emocionar a la pantalla, y al espectador que le está viendo. Como punto álgido de la película y sin duda escena memorable que pasará a la historia tanto por su perfecta escenificación, montaje y dirección como por su crudeza y violencia, es la escena en los baños públicos. Simplemente perfecta y toda una lección de cine para aquellos que amamos este mundo. Tres personajes, un escenario y la excelente decisión de ausencia total de música en favor de unos efectos sonoros magistrales.

Como nota negativa, y restándole 2 puntos del 10 en su puntuación, comentar el irreal comportamiento de Naomi Watts al querer hacer frente a toda una organización mafiosa. No me lo trago, al igual que tampoco me trago ese final Made in Hollywood (besito incluído) entre el frio Viggo y Naomi. Sobraba totalmente la escena ya que hecha por tierra todo lo expuesto anteriormente. Quiero creer que por temas comerciales han decidido cerrar así la historia, y no por carencia de ideas. Por último, fallo imperdonable el doblaje -como siempre- y que la mayoría de la acción verbal se desarrolle en un inglés con acento del este (incluso cuando hablan entre ellos). Quiero creer también que la productora y distribuidora tienen algo que ver en toda esta chapuza.

Pese a todo, Promesas del este resulta una espectacular y genialmente cinta realizada por el siempre controvertido David Cronenberg con escenas memorables y un Viggo Mortensen en estado de gracia llevando las riendas de una magnífica obra. Puntuación: 8 sobre 10.

jueves, 24 de enero de 2008

Casino

Casino: mientras veía Casino, no podía dejar de encontrar paralelismos y coincidencias con un obra del fallecido Ted Demme. Me estoy refiriendo a la injustamente infravalorada, Blow. Algún día analizaré Blow, ya que me impactó muchísimo su visionado, y todavía la considero como una de mis películas favoritas. Pero volvamos a lo que nos ocupa y sustituyamos el mundo del juego en los casinos por el del tráfico de drogas, y tenemos dos obras extremadamente parecidas. Si, ya sé que Blow (2001) es posterior a Casino (1995), pero no he podido dejar de encontrar similitudes entre ambas. Desde la escalada de puestos en una organización ilegal, hasta la traición de tu mejor amigo, pasando por la pu** de tu mujer a la que sólo le importa tu dinero y la situación con la hija pequeña. Hasta un tema musical aparece repetido en ambas películas. Las dos cintas me han resultado muy parecidas, con un De Niro como Depp, Sharon Stone como Pe Cruz y Joe Pesci como Jordi Mollà. Parece que con Casino, Scorsese quería volver al cine que tanto le gusta, y que mejor se le da a la hora de dirigir. Tras dos obras que se alejaban un poco del contexto que se tenía de Martin, me refiero a El cabo del miedo, y sobretodo La edad de la inocencia, Scorsese retoma el cine que mejor sabe hacer. Casino se puede entender como una continuación a Uno de los nuestros, pero acaba siendo un refrito excesivamente largo (casi 3 horas de duración) repleto de clichés del género donde no aporta nada novedoso. ¿Lo bueno? Que Scorsese dirige, y dirige bien. Y lo hace dignamente y como uno de los grandes. Tras una larguísima introducción de personajes, nos espera un ritmo y montaje frenético, donde el mayor logro consisten en no aburrir al público (aunque todo lo hayamos visto una y otra vez) pese a su extenso metraje. De Niro está sublime como siempre, y con esos contrapicados que le hace Martin queda patente quien lleva el peso de la película. Sharon Stone está sencillamente increíble para ser ella la verdad. Y que decir de Joe Pesci, que supera (ya era difícil) con creces su papel en Uno de los nuestros reintrerpretándose a si mismo como matón sin cerebro. Simplemente brutal. De fotografía brillante y luminosa, consigue transmitirnos verdaderamente el estilo de vida de Las Vegas, y esos planos cenitales del casino son sencillamente geniales. Finalmente, lo que más me ha gustado ha sido la escena final, donde vemos a ritmo de The house of the rising sun de The Animals, la matanza de algunos miembros. Me ha recordado también muchísimo al final de El Padrino I, cuando Al Pacino indirectamente ejecuta su venganza mientras él permanece en el bautizo de su sobrino. Demasiadas coincidencias ¿no? Pese a todo, una obra completa y muy bien dirigida por Scorsese aunque a medio fuelle si se le compara con Uno de los nuestros, el pilar básico de la filmografía de Scorsese junto a Taxi driver y Toro salvaje. Para mi gusto claro. Puntuación: 8 sobre 10.