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lunes, 3 de noviembre de 2008

Camino

Camino: último largometraje de Javier Fesser y cambio radical en su estilo de dirección. Tras las surrealistas -y personalmente nada acertadas- El milagro de P.Tinto y La gran aventura de Mortadelo y Filemón; Fesser se adentra en una vertiente dramática y no exenta de polémica que hace tambalear los cimientos del fundamentalismo religioso más retrógrado y extremista. Con Camino, Javier Fesser nos ofrece su mejor película hasta la fecha y una de las grandes apuesta en la próxima edición de los premios Goya. Camino destila belleza e inteligencia de una manera apabullante.

Poco hay que contar de la sinopsis de Camino, pues se ha hablado y mucho en todos lo medios. La cinta de Fesser está inspirada en la historia de la hija menor de una familia perteneciente al Opus Dei, que falleció en 1985 a los 14 años de edad, y que actualmente está en proceso de canonización. Pero Camino es, sobre todo, una luz brillante capaz de atravesar todas y cada una de las tenebrosas puertas que se van cerrando ante ella, y que pretenden en vano sumir en la oscuridad su deseo de vivir, amar y sentirse definitivamente feliz.

Contada a modo de flahsback, y tras una pequeña introducción de 5 minutos desgarradora y que nos avisa de la que se nos viene encima, Camino es una fabula de color donde la brutal historia se intercala con los sueños -y pesadillas- de la niña, una encantadora y debutante Nerea Camacho, de la que resulta muy difícil no quedarse prendado y enamorado de ella al instante. Camino resulta de una lucidez brillante, capaz de mezclar el amor y la muerte de manera exquisita, jugar con lo metafórico y sobretodo con la dualidad del personaje de Jesús -niño- (lo mejor de toda la cinta). Javier Fesser logra imprimir su sello más personal e intimista, su gusto por lo fantástico entremezclado con lo real consiguiendo una estética visual impactante y brillante.

Comprendo que Camino no haya sentado nada bien en el seno de las instituciones religiosas, ya que lanza dardos envenenados regularmente durante todo el metraje de la cinta. Desde la manipulación sufrida por los niños en la escuela, hasta el fanatismo más radical de la propia madre de Camino, pasando por el recluismo entre hombres y mujeres en las residencias del Opus Dei y hasta las aportaciones económicas de todos sus miembros; quedan reflejados a la perfección por Javier Fesser.

Visualmente, Camino es una obra maestra, tanto a nivel de historia como a nivel de sueños. Autentica poesía fílmica y cinematográfica es lo que derrocha Camino cuando se adentra en la mente de la niña. La inclusión onírica de estos sueños me parece una de las cosas más acertadas del film de Fesser. Si algo debo echarle algo en cara es la excesiva concentración de estos en la primera hora de la cinta, dejando un poco vacía el resto. Aunque comprendo que las directrices temporales son distintas, y su vertiente dramática recae sobretodo en el último tramo de Camino.

En cuanto al nivel interpretativo de Camino hay poco que decir. Sublime. El trío protagonista se merienda la pantalla y con sus actuaciones, demuestran el porqué de su elección para la cinta de Javier Fesser. La niña debutante, Nerea Camacho, hace una de las mejores actuaciones infantiles que un servidor recuerda. Con esos ojazos verdes que inundan la pantalla grande enamora al público que la está viendo. Natural, simpática, agradable y nada repelente, Nerea Camacho sella la mejor actuación de Camino con permiso de sus padres ficticios. Personalmente, espero verla subiendo a recoger el premio a Mejor actriz revelación en la próxima edición de los Goya; y a ser posible con ese vestido rojo que luce en los momentos finales de Camino. Maravillosa escena y emotivo final.

Por su parte, los padres de Camino también cierran unas actuaciones memorables. Carmen Elías dota a su personaje de toda la vena religiosa y fundamentalista que requiere el papel con una desgarradora interpretación muy sobresaliente. Abnegada ante la enfermedad de su hija, no ve más allá de los límites religiosos y solamente por unos segundos, veremos su lado más humano en una escena estremecedora junto a Mariano Venancio. Es muy probable -casi seguro- que veamos a Carmen Elías nominada a Mejor actriz en los próximos Goya, junto a un merecidísimo también Mariano Venancio (que repite con Fesser tras Mortadelo y Filemón) como Mejor actor, quien parece el único sensato en toda la historia de Camino y que aguanta sin derrumbarse junto a su hija. Junto a Nerea Camacho, a nivel personal es la mejor actuación de Camino.

Por último, una correcta Manuela Vellés, quien cambia radicalmente de papel desde que la vimos en la fallida Caótica Ana de Julio Medem. Lo más destacable de su personaje, es el tremendo parecido físico que tiene con la protagonista, Camino.

En definitiva, Camino es una conmovedora y a la vez demoledora historia de amor y muerte, mezclada con un puntito de brillante poesía cinematográfica que no dejará indiferente a nadie. Cine español bien hecho, y la mejor cinta nacional (y de las mejores internacionales) en lo que llevamos de 2008. Resalta las ganas de vivir por encima de todo, y lo hace rompiendo todas las reglas, y arrastrando al espectador durante dos horas y media visualmente espectaculares. Sobresaliente el trabajo de Fesser tanto en la dirección como en el guión que sorprende a todos con un brutal cuento de hadas lleno de magnetismo. Una apuesta clara para la Academia en los Goya de dentro de unos meses. Puntuación: 9 sobre 10.

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lunes, 8 de septiembre de 2008

Beautiful girls

Beautiful girls: prodigiosa cinta del fallecido Ted Demme y sin duda la mejor obra del realizador junto a Blow de su -por desgracia- corta filmografía. Beautiful girls habla de muchas cosas, pero sobre todo es una declaración de intención al sentido más intenso de la amistad. Amistad entendida como forma de vida y compromisos. Habla de la amistad pero de una forma inteligente, habla sobre las relaciones pasadas y presentes de los amigos de la infancia, aquellos amigos de los que perdiste el rastro hace años.

Beautiful girls tiene un generoso reparto encabezado por Matt Dillon. Junto a él aparecen intérpretes de renombre como por ejemplo Uma Thurman, Mira Sorvino o una jovencísima y encantadora Natalie Portman. Su personaje destila dulzura en cantidades industriales y nos encandila a la vez que nos deja una sensación de amargura y nostalgia. Me ha recordado enormemente al personaje que interpreta otra deslumbrante chica, Ellen page, en Juno. Las dos tienen ese toque de ironía y mordacidad en los adolescentes que tan pocas veces se ve en la pantalla grande. Completan el reparto, Timothy Hutton, David Arquette, Lauren Holly y Michael Rapaport.

A parte del completo reparto que acompaña Beautiful girls, destaca sobretodo unos exquisitos diálogos nada exagerados y estupendamente resueltos por el reparto. El guión es de una calidad que asusta, carece de los tópicos de las películas tragicómicas de los 90 y está resuelto al milímetro. Beautiful girls tiene también un humor rebosante de tristeza, con lo que se consigue pasar de la risa al llanto en cuestión de segundos. La música también ha sido una gran elección con ese toque de folk americano que tan bien se acopla al tono melancólico de la obra.

Concluyendo, Beautiful girls es una de las mejores 50 cintas de los años 90. Todo un alegato a la inmadurez personal y al cambio de vida. Un película exquisita llena de personajes entrañables y una historia que en ningún momento cae en la cursilería. Gran obra de Ted Demme. Como ya dije con Blow, bravo Ted. Puntuación: 8 sobre 10.

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martes, 15 de julio de 2008

Largo domingo de noviazgo

Largo domingo de noviazgo: ¿que nos podía ofrecer Jean-Pierre Jeunet, el director de la fantástica y genuina Amelie? Pues una obra muy en su línea, llena de estilo propio y que rebosa toda la personalidad y el cine más personal del mismísimo Jeunet. Se podría definir como una continuación de Amelie en el pasado; como una segunda parte de la vida y amores de Amelie reflejada en el contexto histórico que tiene lugar en la vieja Europa de la I Guerra Mundial. Largo domingo de noviazgo está basada en la novela de Sebastien Japrisot, titulada de igual manera que la cinta de Jeunet.

Es una historia de ficción sobre la desesperada búsqueda que emprende una joven para encontrar a su novio que podría haber muerto en el campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Narrada de forma no lineal y con abundantes flashbacks, cosa normal en el cine de Jeunet, Largo domingo de noviazgo es una completísima obra de amor con ciertos matices de comedia y drama. Jean-Pierre Jeunet puede presumir de ser uno de los pocos directores mundiales capaz de dotar a todas sus obras de ese sello distintivo que las caracteriza y que permite identificarlas al instante. Una vez más, Jeunet demuestra todo su poderío visual en Largo domingo de noviazgo, llenado todos los fotogramas con la más absoluta perfección e innovación fílmica.


Resulta todo un reto llevar a buen una cinta de estas características, saber encontrar el equilibrio preciso de contar una historia de amor en plena Guerra Mundial mediante la incurso de cientos de flashbacks que mezclan pasado y presente no sólo de la vida de su amado Manech, sino la de los otros cuatro soldados sentenciados a la pena de muerte. Y es que aquí es donde encuentro el mayor fallo de Largo domingo de noviazgo, en el confuso entramado de investigación que teje Mathilde para encontrar a su novio. Llega un momento en que resulta casi imposible no perderse entre la multitud de nombres, datos, fechas, sucesos y demás que se narran en las dos horas que dura la cinta. Pese a todo y con un poco de paciencia y atención, se puede seguir el hilo de Largo domingo de noviazgo sin demasiados problemas. Aunque un segundo visionado no estaría de más, para comprender mejor esta preciosa historia y comprender verdaderamente todo su potencial fílmico y artístico.


Jean-Pierre Jeunet ha sido ambicioso en su -hasta ahora- último largometraje, pues ha sabido componer y mezclar el mundo real de una gran guerra como su capacidad imaginativa y creativa llena de referencias personales. Sabe manipular las realidades a su antojo, dotándolas de una estética impresionante llena de ingenio y finiquitándola de forma sobresaliente.


Del reparto de Largo domingo de noviazgo podemos destacar a una omnipresente Audrey Tatou como Mathilde. Es inevitable sacar comparaciones con su tierna y dulce Amelie, por eso no lo haré, ya que dejaría a Mathilde -su personaje en esta obra- casi a la altura del betún en comparación con Amelie. Parece que Jeunet ha encontrado su musa artística con Audrey Tatou, y hoy por hoy, parece casi imposible imaginar a Amelie sin su cara, o en este caso a Mathilde sin su personalidad e inocencia. Completan el reparto Gaspard Ulliel como Manech, Jean-Pierre Becker, Dominique Bettenfeld, la reciente ganadora del Oscar Marion Cotillard y una fugaz aparición estelar de Jodie Foster en una de las mini-historias más bonitas del film.


Del apartado técnico de Largo domingo de noviazgo, destacar como no una preciosista fotografía a cargo de Bruno Delbonnel, capaz de jugar con los ambientes grises y fúnebres de las trincheras francesas, hasta los tonos dorados y cálidos de campiña francesa donde reside Mathilde. Y por supuesto nombrar a un grande de la música como es Angelo Badalamenti (compositor habitual de David Lynch) que logra crear una serie de temas que enfatizan el tono romántico que emana Largo domingo de noviazgo.


Resumiendo, no se puede decir que Largo domingo de noviazgo alcance el nivel de Amelie ni mucho menos, pero es reseñable el notable trabajo alcanzado por Jean-Pierre Jeunet, siempre fiel a su estilo personal. Es innegable la calidad que destila cada fotograma de la obra, y tratar la dualidad narrativa del amor y la guerra mediante flashbacks merece mi reconocimiento. Completa obra con el sello característico de Jeunet llena de magia y romance y con la que Audrey Tatou inunda la pantalla. Puntuación: 8 sobre 10.


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jueves, 3 de julio de 2008

La torre de Suso

La torre de Suso: correcta cinta del debutante Tom Fernández en el largometraje y una sorpresa en la última gala de los Premios Goya con tres nominaciones de las cuales finalmente no recibió ninguna. La torre de Suso bebe mucho del lenguaje fílmico de la televisión, y por momentos parece que asistimos a un capitulo de 90 minutos de cualquier serie nacional. ¿Será Javier Cámara el responsable de dicha similitud? Pues recordemos que en Fuera de carta ocurre exactamente lo mismo. Puede que si y puede que no, pero desde luego, Hable con ella no tenia montaje ni estética de serie nacional, sino de una muy buena cinta de Almodóvar.

Cundo (Javier Cámara) regresa a su tierra después de diez años de ausencia. El motivo es la muerte de su mejor amigo, Suso. Los planes de Cundo son emborracharse con el resto de sus viejos amigos a la salud de Suso, aparentar que todo le va de maravilla y salir corriendo de allí otra vez. Pero ni las cosas le van tan bien, ni Suso se va a conformar con una borrachera... Esta es la sinopsis que tiene La torre de Suso, un film en el que aboga toda su fuerza en la amistad y en un trabajado guión. Se nota la excelente labor tanto de casting como de guión que se ha llevado a cabo en La torre de Suso. Los diálogos están perfectamente cuadrados, y fluyen como el viento que da vida a las tierras asturianas donde sucede la acción. Ni salidas de tono ni recursos fáciles abundan en la cinta del principiante Tom Fernández, sino un sencillo trabajo lleno de humildad y buen hacer.

Gran parte de esta buena acogida se la lleva evidentemente el peso pesado de la película, Javier Cámara. Él solo se merienda a todo el reparto de La torre de Suso y una vez más demuestra las grandes dotes de actor que tiene. Magistral en todos los minutos del film y perfectamente completado con el personaje de Malena Alterio, otra que sobresale con nota de La torre de Suso. Asistimos al reencuentro de Cundo con él mismo, sus raíces y todo lo que dejó atrás en su juventud. Un canto a la amistad más olvidada, a los orígenes de uno mismo y al afán de superación humana. Completan el reparto, Gonzalo de Castro, César Vea, José Luís Alcobendas, Mariana Cordero y Emilio Gutiérrez Caba, pero ninguno de sus personajes alcanza las cotas de Javier Cámara y Malena Alterio. Quizá la ternura de Mariana Cordero como madre de Cundo, está a la altura del citado dúo de actores.


Resumiendo, La torre de Suso es una buena opción como cinta española. Te aporta más de lo que te imaginas en un principio, y en esencia es una película llena de emotividad y melancolía. Con una fotografía de lujo de todo el paisaje asturiano, La torre de Suso se convierte en una alternativa al cine efectista americano, una propuesta nacional, sencilla que huye de pretensiones y que aguarda una gran sonrisa tras su visionado. Pocas cintas son capaces de cambiar de la risa al llanto en cuestión de segundos y verdaderamente La torre de Suso lo consigue. Puntuación: 7,5 sobre 10.

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miércoles, 18 de junio de 2008

Tu vida en 65 minutos

Tu vida en 65 minutos: hacía tiempo que no veía una película tan bonita como lo ha sido para mí Tu vida en 65 minutos. Creo que desde la maravillosa Bajo las estrellas no veía en la pantalla grande (bueno... TV) algo tan emotivo como la cinta de María Ripoll. Desgraciadamente, Tu vida en 65 minutos no disfrutó en su día de una buena distribución y escasa gente conoce de la existencia de tan preciada joya del cine español. El film de María Ripoll bebe mucho de Los amantes del círculo polar de Medem (salvando las distancias claro), cuando aborda temas existenciales entre el amor y la muerte, y sobretodo de las casualidades de la vida. Como cabría esperar, no supera ni mucho menos a Los amantes del circulo polar, pero si que es cierto que se le acerca bastante, tanto por su puesta en escena como su excelente final. Escrita por Albert Espinosa (bravo por su labor y capacidad de emocionarnos al mismo tiempo que nos dibuja sonrisas en la cara), Tu vida en 65 minutos es una grata experiencia cinematográfica, una hermosa cinta que contradictoriamente está llena de dolor y tristeza.

La propuesta inicial de
Tu vida en 65 minutos parte de una narración de un domingo cualquiera. Un domingo cualquiera, tres jóvenes amigos leen la esquela de quien suponen es un compañero del colegio al que hace tiempo perdieron la pista. Acuden al tanatorio y se dan cuenta de que se han equivocado: aquel entierro no es el de su compañero de escuela. A partir de aquí la confusión y el azar tejen una historia de amistad, de amor y de muerte. Narrada de forma brillante, Tu vida en 65 minutos, supone un viaje a través de la vida y la juventud, con multitud de intercalaciones narrativas y referencias que transforman algo cotidiano en algo precioso en forma de poesía natural y callejera que rebosa en sus ricos diálogos.

La directora de Tu vida en 65 minutos, María Ripoll, respaldada por el excelente guión de Albert Espinosa, nos ofrece una bellísima y elegante historia en la que se mezclan con soltura temas tan variados como el amor, la amistad y la muerte; sobre la cual gira toda la película. Es una de esas películas que cuando la ves, resulta imposible no pararse a pensar en la propia vida que llevamos, si es como la imaginamos, y que podemos hacer para mejorarla. Tu vida en 65 minutos no deja indiferente a nadie: o te encanta o la detestas, o la encuentras hermosa o te parece una cursilada infumable. Particularmente, quiero verla como una correctísima película llena de imágenes bonitas y momentos inolvidables. Muchas veces, una propuesta sencilla y fresca, se transforma en una obra de arte.


Si tengo que destacar algo de la cinta de María Ripoll (aparte del cuidado y elegante guión citado lleno de diálogos costumbristas muy bien resueltos) sería sin lugar a dudas la maravillosa banda sonora que acompaña durante toda la película. Simplemente es brillante y muy acertada, sobretodo en el tramo inicial a ritmo de los Cure (que gran canción abre la cinta). Otro punto a favor de
Tu vida en 65 minutos reside en la dirección de actores y el trabajo de estos, destacando sobretodo la labor de Javier Pereira y Tamara Arias, llena de química y miradas que dicen más que las palabras, llenando de magnetismo sus interpretaciones.

Tu vida en 65 minutos destila humildad y buen hacer a raudales, vives las experiencias junto al protagonista, las haces tuyas y cuando acaba la película, te las llevas contigo para siempre. Pocas producciones pueden presumir de conseguir tanta eficacia en apenas 90 minutos. En resumen, Tu vida en 65 minutos es una historia llena de casualidades, de sentimientos reales y reflexiones, situada en un domingo cualquiera en la ciudad de Barcelona, un precioso escenario, para esta comedia urbana. El guión, de Albert Espinosa es más que aceptable, con grandes momentos, como las reflexiones del protagonista en la -excesiva por momentos- voz en off. Pese a todo, una película imprescindible dentro del panorama nacional, intimista y muy personal obra de arte de María Ripoll. Puntuación: 9 sobre 10.

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viernes, 6 de junio de 2008

Mataharis

Mataharis: excelente película de Iciar Bollain, una de las pocas directoras de cine que tenemos en nuestro país. Una vez más, Iciar Bollain demuestra el talento que tiene en la construcción de historias y personajes con una magnifica cinta sobre el papel que desempeñan los detectives privados. Mataharis es una inteligente propuesta llena de sentimientos, miedos y emociones. Cine social en estado puro lleno de intimismo, realidad y rebosante de una sencillez innata que se proclama a los cuatro vientos. Magnifica película en la que se combina la faceta laboral como detectives de tres mujeres con sus historias de amor particulares. La decisión de contarle a tu pareja un secreto inconfesable, la incomunicación existente en una relación ahogada en el tedio y el miedo de tener que elegir entre la profesionalidad de tu trabajo o el enamoramiento surgido.

Es una película de detalles, tanto técnicos como interpretativos. Tras ella se esconde un talento en forma de mujer. Iciar Bollain deja patente una vez más (al igual que hizo con Te doy mis ojos) que es una maestra de la narración. Controla los tempos y las pausas de una forma casi exquisita. Es cierto que en algunos momentos el ritmo de Mataharis cae, pero simplemente no te importa nada porque sabes que tarde o temprano acabará arreglándolo. Y así es. Construye un inspirador relato sobre mujeres en forma de espías, lleno de emociones y sensibilidad.

Mataharis está estupendamente interpretada por un colosal reparto, sobresalen a mi gusto una grandiosa Najwa Nimri -como siempre- y una muy sorprendente María Vázquez. Najwa Nimri está soberbia, y una vez más demuestra su poder camaleónico para adaptar y enfocar sus personajes. Destila sensualidad en cada escena que aparece en pantalla gracias a una irrepetible voz (como me encandila su voz). Maria Vázquez brilla con luz propia pese a la complejidad de su papel y Nuria González logra componer también un grandísimo personaje a base de realidad.

Del reparto masculino de Mataharis destacar a un perfecto Tristán Ulloa, que por primera vez me ha convencido en el papel que hace, e incluso he llegado a considerarlo como un gran actor. A su lado aparecen un normalito Diego Martín demostrando que puede solventar el genero del drama con mayor o menos acierto, Fernando Cayo, como jefe sin escrúpulos bastante creíble y un poco sobreactuado y un evolucionadísimo Antonio de la Torre (gran carrera le espera).

Resumiendo, Mataharis es una profunda reflexión de las relaciones amorosas con un crecimiento narrativo explosivo, logrando el clímax final en el momento oportuno. Una historia de lo cotidiano lleno de grandes dosis de realidad. Sencilla obra triste y emotiva que colmó mis expectativas. Puntuación: 8 sobre 10.

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lunes, 19 de mayo de 2008

Elegy

Elegy: indiferencia es el mejor adjetivo que he encontrado para resumir la última cinta de Isabel Coixet. Tras los dramones -y buenas obras- Made in Coixet como Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí o La vida secreta de las palabras, decidí ir a ver Elegy, segunda película española que iba a ver al cine tras la fallida y algo decepcionante, Cobardes. Desde mi humilde punto de vista, Elegy no llega a las cotas alcanzadas con producciones como Mi vida sin mí o La vida secreta de las palabras, resultando una obra por momentos vacía y carente de emociones. Isabel Coixet se ha preocupado más en rellenar su obra con multitud de citas filosóficas y llenas de trascendental sentido -para ella- pero vulgares en el fondo. Ha adornado su obra con un exceso de almíbar e imágenes bellas, pero irónicamente sosa en cuanto a trasfondo y conclusiones.

Que vaya por delante, que Isabel Coixet es una directora que me gusta, y que considero a Mi vida sin mi su mejor cinta hasta le fecha y una de las mejores de 2003. Pero con Elegy se ha derrumbado estrepitosamente. Visualmente perfecta y con una banda sonora impecable, Elegy en conjunto está vacía. No aporta ningún sentimiento ni emoción (pecado en la Coixet) y abusa de una formula llena de tópicos repetitivos y con cierto regustillo a poesía pseudointelectual y fondo filosófico que tanto gustará a los críticos gafapasta.

Su principal error radica en una puesta en escena artificiosa y totalmente buscada para generar una falta empatía con el espectador. Mientras que en sus dos obras anteriormente citadas, el dolor interior, sufrido en silencio y soledad, lograba generar un clímax de intimismo y emoción surgido en base a la naturalidad y sinceridad, en Elegy estos sentimientos son buscados directamente, abandonando toda sugerencia y buscando un ambiente dramático que tan bien funciona entre el público.

Isabel Coixet ha adaptado la obra de Philip Roth, El animal moribundo, en Elegy. Pero la ha adaptado de una fría y distante que no respira el mismo aire fresco ni la misma intensidad emocional que las anteriores. Ha construido su obra con unas piezas prefabricadas sustentadas en una obra totalmente artificial, y aderezadas con una repetitiva e insoportable voz en off de su protagonista, David Kepesh (Ben Kingsley).

Consigue un aprobado alto gracias en buena parte el completo reparto que tiene, con un magnifico y poderoso Ben Kingsley, una perturbadora Penélope Cruz y un completo -como siempre- y algo distante en la obra, Dennis Hopper. Pese a las buenas interpretaciones que tiene Elegy, ninguno de los personajes consigue llenar ese vacío de emociones tan propio del cine de Isabel Coixet. Pese a todo, la difícil búsqueda de química entre Kingsley y Cruz se hace llevadera gracias a las estupendas actuaciones de ambos, creíbles en todo momento.

Visualmente me ha encantado Elegy. Con una fotografía de lo más cuidada, busca siempre el interiorismo asfixiante de los apartamentos, simulando la angustiosa vida de ambos protagonistas. Con unos magistrales primerísimos planos, sencillos y a la vez elegantes, la cámara se mueve de forma majestuosa durante todo su metraje (atención al plano en el desnudo de Pe). Todo ese poderío visual se complementa a la perfección con una bellísima y elegante música, la cual redondea el aspecto técnico de la obra, y ensalza el apelativo de drama romántico a la cinta.

Elegy acaba siendo una obra quizá demasiado pretenciosa y vacua para el tema que trata, el ser humano y su incapaz de madurar y crecer. Como ya he comentado, abusa en exceso del recurso voz en off y sus reflexiones filosóficas son del todo artificiosas y demasiado burguesas. Destaca su portentoso apartado técnico y unas notables actuaciones. Puntuación: 6 sobre 10.

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jueves, 15 de mayo de 2008

Casual day

Casual day: ¿quien dice que en España no se hacen buenas producciones? ¿Quien dice que no se puede comparar el cine nacional con el cine yanqui? ¿Quien dice que en el cine español está todo inventado? La verdad es que no entiendo a toda esa panda de detractores del cine español en favor de un cine efectista y repetitivo hasta la saciedad como el americano. Tanto aquí como allí hay de todo, igual que en Francia, Italia o Gran Bretaña. Mientras allí se dedican a hacer Scary movie, Date movie o Casi 300; aquí tenemos Torrente, Isi/Disi o Los managers. Lo único que hace falta para hacer una buena película en España es una buena idea, darle forma con un notable guión, escoger un reparto acorde y lo más importante: ponerle ilusión y ganas de sacar adelante el proyecto. Y eso es lo que precisamente le ocurre a Casual day.

¿Que es el "Casual day"? El "Casual Day" es una práctica empresarial importada de Estados Unidos. Algunas empresas aprovechan el viernes para hacer un viaje al campo y realizar distintas actividades que fomenten las relaciones personales de sus trabajadores, reduzcan el stress y mejoren la actividad empresarial. Pues precisamente de esta idea, una gran idea, parte la cinta del (casi)debutante Max Lemcke. Un soplo de aire fresco para el cine nacional, y la mejor producción española desde Bajo las estrellas.


Con un entorno y enfoque relativamente parecido a otras obras nacionales y de excelente calidad fílmica como Smoking room, El principio de Arquímedes o El método, Casual day en este caso centra toda su atención en las relaciones personales ajenas al entorno laboral (están en el campo) entre empleados y jefes, entre presas y cazadores; y en concreto en el funcionamiento y gestión de grandes multinacionales en favor de que fluya el flujo de dinero y en detrenimiento del propio empleado. Al fin y al cabo, Casual day habla sobre lo que hoy en día todos sabemos y conocemos, los ámbitos humanos en la realidad pura y dura del mundo laboral. La cinta de Max Lemcke es una ácida radiografía coral humana llena altas cotas de ironía y mucha mala leche dirigida a un publico sobrio y muy concreto.

En el apartado técnico destaca una fotografía oscura de apabullante calidad que juega con unos tonos apagados muy elegantes y buscando siempre los primeros planos en el elenco de actores y actrices (muy al estilo de Smoking room). Me ha encantado la elegancia del movimiento de cámara, la búsqueda del contrapicado en la figura de Juan Diego y un par de planos que son para enmarcar. Con una ausencia musical durante su visionado, me parece un acierto dotar únicamente con el poder de la palabra a sus personajes, huyendo de efectismos y demás recursos artificiales.

Otro de los puntos fuertes de Casual day recaer en el reparto coral que da forma a la cinta. Un excelente mosaico que recoge todas las personalidades posibles en el entorno laboral: el jefazo, el trepa amigo del jefazo, el pelota, el enchufado, el psicólogo, la inocente, el gracioso, el sindicalista... Todos y cada uno de ellos están perfectos, pero por encima de todos destaca un inmenso Juan Diego que se merienda el guión y al resto del reparto. Es impresionante la capacidad que tiene este hombre de absorber a un personaje y dotarlo de la personalidad que exige el guión. Me faltan adjetivos para describir el fantástico papel que lleva a cabo en Casual day, capaz de reflejar esa falta de escrúpulos en un personaje complejo de darle vida en la pantalla. Le otorga toda la bis cómica que necesita y a la vez esa mala lecha que tanto aflora. Impagable la escena de la presentación de su personaje, explicándole a su yerno el porqué tiene un Audi A8 y no un A3, un A4 y un A6.
Destacar también las apariciones del siempre sobrio y efectivo Luis Tosar (perfecto como siempre), unos correctos Javier Ríos y Alex Angulo, un simpático Arturo Valls, una elegante Estíbaliz Gabilondo, un extraño Alberto San Juan como psicologo, unas fugaces apariciones de Marta Etura y Malena Alterio y un sorprendente Secun de la Rosa (cada vez me gusta más este actor, capaz de hacer de inocente estudiante de derecho, de gay o de empleado de una gran multinacional).

En resumen, Casual day es una hilarante propuesta sin salidas de tono y carente de lenguaje soez y vacío, con unos diálogos en forma de dardos envenenados. Coral retrato humano sobre el ambicioso y duro entorno laboral que aboga todo su potencial en la sencillez y humildad huyendo de un artificioso efectismo y centrando toda su calidad en un milimétrico guión, bien escrito y mejormente resuelto e interpretado. El tiempo y las escenas están calculados a la perfección. Tiene un ritmo alto que no llega a decaer en ningún momento, y su excelente uso de la ironía en un tono tragicómico hace de Casual day una cinta casi perfecta. Con una fuerte critica social al mundo laboral y a las relaciones humanas que en él se producen, la obra de Max Lemcke es de largo, la mejor cinta que ha pasado por nuestra cartelera en los 5 meses que llevamos de 2008, creo que sin lugar a dudas será el referente en la cartelera nacional de este año. Esperemos que la Academia no se olvide de ella y se lleve su tan merecida recompensa en la próxima edición de los premios Goya. Casual day es una elegante propuesta nacional y todo un gusto para los sentidos.
Puntuación: 8,5 sobre 10.

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viernes, 9 de mayo de 2008

Cobardes

Cobardes: tras Tapas, el magnífico debut en la dirección cinematográfica por parte del televisivo José Corbacho y su amigo Juan Cruz, esperaba con Cobardes un paso adelante en cuanto a la carrera fílmica de este dúo, pues iban a cambiar del tono tragicómico visto en Tapas a un registro mucho más dramático, exigente y de candente actualidad. Pero desgraciadamente, el tandem Corbacho&Cruz parece que no llega a funcionar en su máximo esplendor como lo hizo en Tapas y se diluye en forma de una obra menor a la que nos esperábamos.

Con unos originales títulos de crédito iniciales, mezclados a la par con un frenético montaje en forma de persecución callejera (abusivas, pues las veremos hasta tres veces en los escasos 90 minutos de cinta), Cobardes mantiene una estética bastante normalita y nada virtuosa, lo cual va en consonancia con el contexto del film y su entorno de grabación.

En primer lugar hablaremos de los puntos a favor que le encuentro a la obra de Corbacho&Cruz. Se nota que el guión está bastante trabajado y dirigido a un público adulta y con la cabeza bien amueblada (pese a la constante e irritante BSO). Me gusta la forma que C&C han adoptado para narrar la historia de Cobardes, con esa doble perspectiva que se da entre el acosador y el acosado. Hubiera sido muy fácil centrarse única y exclusivamente en lo mal que lo pasa el acosado, pero resulta todo un acierto intentar demostrar el porqué el acosador actúa de esa manera. A partir de aquí se construye un relato bien definido y con una realidad bastante evidente (salvando las distancias). Muy correcta veo la actitud tomada por C&C al no querer adoctrinar a su publico ni imponer ningún tufillo moral sobre el bien y el mal. Se posicionan, pero sin juzgar y sin caer en la evidencia, juegan con esa dualidad moral que pondrá en entredicho al espectador. Por último, decir que el plano final que cierra la cinta de Cobardes me parece el mejor de toda la película. En ese plano queda patente toda la filosofía expuesta y me parece que es el mejor final que podía tener.

Destacar también la labor en las actuaciones del reparto adulto de Cobardes. En especial de una correcta y sobria Elvira Mínguez, perfecta al igual que en su anterior colaboración en Tapas. Un jocoso Lluis Homar es también de lo mejorcito de la cinta en cuanto a reparto. Y por supuesto, una sorprendente Paz Padilla cambiando de registro y adquiriendo tintes dramáticos. Pese a que encuentro totalmente vacío y mal dibujado su personaje, es de agradecer su nuevo registro en el género del drama.

Ahora vayamos a los puntos débiles de Cobardes. Primero esa estética y montaje costumbrista, más propia de telefilme televisivo financiado por cualquier cadena privada que de una obra cinematográfica. Está bien que no quieran rodar una megaproducción, pero es de juzgado de guardia ver en el cine, algo que podría haber sido un capitulo largo de Hospital central o El comisario.

Por otro lado, no me ha gustado la escritura y construcción de los personajes. Me resultan vacíos y carentes de personalidad, sin llegar a profundizar lo más mínimo (ni siquiera en el protagonista). Son todos en su mayoría meros arquetipo preconstruidos (el niño bueno pero raro, el niño cabrón y malo, el padre despreocupado, la madre concienciada, el "amigo" regala-consejos ajeno a la familia, la chica que ayuda al niño bueno etc.

En contraposición a su reflejo de la realidad del mundo del acoso escolar o bullying quedan patentas algunas reacción totalmente falsas a lo largo de su visionado, como por ejemplo la actitud de acercamiento que tiene la chica hacia el chaval acosado, la cual no le importa relacionarse y salir con él, cosa que me parece de lo más irreal conociendo la personalidad de la chavalería actual. Ninguna chica de 15 años se dejaría ver con el apestado del instituto.

Y por último resaltar la nefasta actuación interpretativa de todo el elenco de adolescentes que completan el reparto de Cobardes. Me parece un pecado imperdonable la elección del personaje de Gaby (Eduardo Garé) y protagonista absoluto de la historia. Es vergonzante la interpretación que realiza, carente de implicación, emoción y sensibilidad. Cierto es que todavía es muy joven, pero seguramente habrían más chavales capaces de hacerlo mucho mejor, con mayor naturalidad y expresividad. Maneja los silencios con bastante acierto, pero cada vez que abre la boca para soltar alguna frase, la caga y mucho. El personaje femenino que le acompaña tampoco es que lo haga mucho mejor, pero a su favor está en que simplemente es un secundario, y no recae sobre ella el peso global de la cinta. Desde mi punto de vista, creo que el único que se salva es el acosador (Eduardo Espinilla), cerrando una actuación mínimamente aceptable y aprobada por los pelos.

Cobardes parte de una buena idea inicial pero se esperaba mucho más de ella. No es una continuación dramática de Tapas ni mucho menos y el elenco adolescente deja mucho que desear. Podrían haberse sacado mejores resultados de ella. Aceptable pero obra menor a su antecesora, Tapas. Puntuación: 6 sobre 10.

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lunes, 28 de abril de 2008

Voces inocentes

Voces Inocentes: narra la historia de Chava (Carlos Padilla), un niño de 11 años que vive en un pequeño poblado en medio de los dos bandos enfrentados en la guerra civil de El Salvador durante la década de los años 80. En los 12 años que duró dicha guerra, el ejército reclutaba a los niños cuando cumplían la temprana edad de 12 años para servir al frente en la lucha contra la guerrilla formada. Chava tiene 11 años, y tristemente ve que más temprano que tarde acabará reclutado como sus amigos, teniendo que abandonar a su familia, compuesta por su madre, y sus encantadores hermanos. El amor fraternal y maternal queda patente en toda la cinta gracias a unas interpretaciones brillantes, y a una deliciosa ambientación y recreación de todo el conflicto armado, dotado de una espectacular puesta en escena pese a tratarse de una producción mexicana con no demasiado presupuesto.

Desgraciadamente, Voces Inocentes es una de esas películas que llegan a nuestro país con un considerable retraso y que tristemente no cuentan con el apoyo de una promoción adecuada capaz de acercar la cinta al público, ni con una distribución suficiente pese a que ha sido galardonada en numerosos festivales, incluyendo entre ellos el de Berlín. En concreto, la cinta de Mandoki llega a España con casi tres años de retraso, una escasa distribución de copias en nuestra cartelera y con apenas unas semanas en los cines; cines de barrio y familiares claro, olvidándose por completo de esas macrosalas destinadas al espectador meramente comercial y que tanto daño le están haciendo al cine más tradicional y lleno de encanto.

Voces Inocentes
es de esas cintas que se hallan espontáneamente, sin buscarla; ya sea en un videoclub o bien mirando por Internet, pero en mayor o menor medida, el público se llevará una grata sorpresa, pues nos encontramos antes un drama demoledor. Habla sobre la guerra y la miseria vista desde los ojos de unos pobres niños, sobre la intención sobrehumana de sus personajes en seguir adelante aún con las imposibles adversidades.
Puede ser tachada del típico dramón de lágrima fácil (cosa que no dudo), pero el mexicano Luis Mandoki ha conseguido filmar una película fuerte y dura de ver, con una evidente y tremenda propuesta de denuncia social, en la que quedan clarísimas las nocivas consecuencias de la guerra y el conflicto bélico sobre una sociedad pobre pero llevadera, las increíbles fuerzas y ganas de vivir de un niño de apenas 12 años, un niño al que la guerra le arrebata esa inocencia innata y acelera su maduración personal para convertirse en -como citan en la película- el hombre de la casa.

Mandoki, sorprende a todos con una puesta en escena espectacular, y unas escenas de guerra estremecedoras. Escenas durísimas, como la del reclutamiento de niños en un colegio, las ejecuciones infantiles o los tiroteos que sacuden las casas de la población más pobre son dignísimas del cine más hollywoodiense pero con la esencia del cine clásico. Más aún es a destacar la perfecta armonía de las escenas de acción con el escaso presupuesto que tiene la cinta de Mandoki, que pese a todo, a conseguido sacar a la luz una más que respetable obra.


En favor de
Voces inocentes, están las estupendas interpretaciones de todos los niños del reparto, donde destaca un sobrio y conmovedor Carlos Padilla como el niño protagonista, así como su hermano pequeño Alejandro Felipe (más conocido como Frijolito) que pese a su escaso dialogo, dota de una gracia especial a su personaje. Todas las actuaciones infantiles están bordadas e interpretadas con una naturalidad apabullante. También cabe destacar la estupenda fotografía que nos acompaña durante todo el visionado, con un brillante uso del primer plano para reflejar emociones y la majestuosidad de los paisajes salvadoreños.

En su contra juega el repetitivo y tono final de mostrar la vida cochambrosa de los habitantes y más concrétamente la de la familia protagonista, así como una cansina reiteración de la estructura narrativa de la cinta. Mandoki aborda una y otra vez el sufrimiento de un niño en la guerra, y la falta de trama que adolece la película nos hace pensar que Mandoki sólo se preocupó de transmitir de la forma más evidente el horror de la violencia en El Salvador, olvidándose por completo de una historia completa que contar. Asimismo, la voz en off de Chava resulta un recurso manido que lo único que intenta es despertar
en el espectador la mayor emotividad posible sin conseguir plenamente este objetivo.

Definitivamente, Voces inocentes es una importante producción mexicana de imponente fotografía, puesta en escena y realización, con un claro mensaje de denuncia social a los conflictos olvidados, y al hecho de recordar a nuestras adormecidas conciencias la cantidad de niños obligados a luchar en guerras. Todo un crudo relato duro de ver, una lucha por sobrevivir, por escapar de un sistema abrumador y autoritario, donde los niños son despojados de sus infancias, de su inocencia, de sus familias... Emotiva y conmovedora historia de salvación y redención infantil con un desolador mensaje pero que peca de melodramática en demasiadas ocasiones. Aún así, recomendable. Puntuación: 6 sobre 10.

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lunes, 21 de abril de 2008

La soledad

La soledad: boquiabierto y maravillado estaba ya a los 20 minutos de ponerme a ver esta genuina obra de mi tocayo Jaime Rosales. Y es que, creo que es la primera película que veo en la que no existen movimientos de cámara. En los 125 minutos de metraje que tiene La soledad, el plano permanece inalterable, sin ningún tipo de movimiento o leve travelling. El movimiento de cámara es nulo, pues está rodada de forma estática y toda la acción se desarrolla con infinidad de planos fijos. La soledad utiliza un lenguaje muy concreto, basado en la transmisión de emociones y sentimientos de forma codificada, utilizando el pasado como referente y no como mera copia, como se hace actualmente. Es apabullante la calidad fílmica que rebosa está cinta de Jaime Rosales. Desde luego no es una obra apta para todo tipo de público ni mucho menos; de hecho la gran masa de espectadores la rechazará al poco tiempo de estar viéndola.

Es una película para sentir y para ver; más que ver, para observar detenidamente y captar la esencia del director, pues es una película de detalles. Es un cine al que no estamos acostumbrados, por lo menos un servidor, y que rompe todos los esquemas del lenguaje fílmico y clímax narrativo. Utilizando el ya archiconocido por todos concepto de polivisión, el realizador sella una intimista obra llena de una labor técnica impecable.
Y es que Jaime Rosales es un tipo corriente y buena muestra de ello lo demostró recogiendo el premio de Mejor director en la última gala de los premios Goya. Rosales defiende un tipo de cine muy concreto del que se considera un mero artista independiente, huyendo de millonarios presupuestos, estrenos multitudinarios en la Gran Vía de Madrid y de caras famosas.

Gracias a él, muchos director se reinvidicarán a la industria, productores y distribuidores; trabajando activamente al margen del sistema y buscando sus objetivos cinematográficos.
El cine tan personal de Jaime Rosales nos debería cambia nuestra forma de ver el cine, de entenderlo, de amarlo y de sentirlo. Orgullosos tendríamos que estar de tener en nuestras filas un director como él, reivindicativo y con un gran talento. No puedo evitar sacar paralelismos con el mismísimo Michael Haneke, Lars Von Trier o David Lynch. Todos ellos son rompedores en la época en la que hacen cine y generalmente nulamente aceptados por el borreguismo de este país. Y es que el tedio y la rutina que pueda generar La soledad es algo muy difícil de digerir para el espectador medio o gran público, excesivamente adoctrinado en las pautas de introducción-nudo-desenlace y que rechaza cualquier cosa que rompa estos esquemas; sus esquemas.

La soledad
destaca principalmente por tres cosas: la apabullante hiperrealidad que refleja, la grandiosa actuación de todo el reparto y el concepto de polivisión. Pero vayamos por partes. Hablar de realidad en el cine de hoy en día es muy difícil, pues estamos acostumbrados a un tipo de cine muy concreto, efectista y engañoso. Un cine repetitivo, manido e imitativo hasta la máxima potencia. Pero en La soledad asistiremos y compartiremos la vida de dos mujeres, dos mujeres de barrio, con sus respectivas familias y problemas. Más que realidad, podríamos hablar de situaciones cotidianas, conversaciones banales y la vida del día a día. Estamos hablando de un costumbrismo hiperrealista capaz de narrar con interés unas existencias tan corrientes como las de cualquiera de nosotros.


Del reparto de La soledad sobran las palabras. Destacar la excelente labor de casting y dirección de actores que se ha llevado a cabo en La soledad. Tanto Sonia Almarcha como Petra Martínez bordan sus difíciles y complejos papeles, regalándonos ambas unas de las mejores interpretaciones de 2007 (con permiso de mi querido Alberto San Juan en Bajo las estrellas).
Lo que no termino de entender muy bien es el premio de Mejor actor revelación para José Luis Torrijo en la última edición de los premios Goya. Confirmo que desde luego resuelve notablemente su trabajo en la cinta de Rosales, pero me parece insuficiente el papel que desempeña en dicha cinta, llegando a cubrir apenas una hoja de guión.

Por último me gustaría hablar un poco del concepto de la famosa polivisión de Rosales. Personalmente, es la primera vez que observo este recurso en el mundo del celuloide, y me parece todo un acierto el haberlo utilizado en esta obra. La polivisión es una llamativa división de la pantalla que muestra dos puntos distintos de cada escena de forma simultánea. A veces se trata de dos ángulos sobre un mismo espacio (por ejemplo la cocina de una casa vista desde dos posiciones distintas). Otras, una visión simultánea sobre dos fragmentos de un espacio escénico más amplio (por ejemplo, el comedor y el salón de un apartamento sobre el que los personajes vienen y van). Con esta técnica, el realizador consigue introducir al espectador plenamente consciente en la intimidad de los personajes, sensación aún más acentuada cuando el espectáculo que ofrece es visualmente tan parecido a la vida real. Este mecanismo de hiperrealidad se incrementa aún más si cabe con la ausencia de banda sonora, siendo los únicos efectos sonoros que escucharemos el tráfico de Madrid, la lluvia, voces de la calle o los pájaros del parque.


En definitiva, La soledad sobresale con la nota de obra maestra frente a la media de productos nacionales que se hacen hoy por hoy en España. En un futuro no muy lejano, Jaime Rosales se convertirá en todo un referente del cine europeo a poco que consiga realizar otra obra como su último trabajo. La soledad habla de muchas cosas, pero sobretodo habla de realidad con emoción y mucha inteligencia. Y por fin esta inteligencia fue premiada en la gala de los premios Goya. Por fin el cine ganó a la industria. Por fin las ideas creativas ganaron al dinero. La Academia cinematográfica eligió como ganadora un tipo de cine distinto, una alternativa a la imitación, a lo repetitivo y a la no reflexión. Me gusta estar del lado de La soledad, del lado de los que amamos el cine y su concepción como obra de arte, y en contra de la gran mayoría, pues una vez más La soledad demuestra que la mayoría, en general, siempre se equivoca.
Puntuación: 8 sobre 10.

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lunes, 14 de abril de 2008

La vida de los otros

La vida de los otros: excelente film alemán que recrea a la perfección una parte muy importante y todavía viva para algunos de la historia contemporánea de Alemania. La vida de los otros supuso el debut como guionista y director de Florian Henckel von Donnersmarck, y se convirtió en la ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 2007. Además del reconocimiento en los premios de cine americanos, fue galardonada con siete premios Deutscher Filmpreis (Premios del cine alemán) y fue candidata para los Globos de Oro en la Categoría de Película extranjera.

La vida de los otros narra la historia de Gerd Wiesler, un capitán de la Stasi, la policía secreta de la RDA (Republica Democrática Alemana). Un buen día, recibe la misión de espiar y observar a un matrimonio joven con diversas sospechas de posibles traidores a la patria.

Brillantemente narrada, La vida de los otros supone un fascinante y cautivador relato de la difícil misión del capitán Wiesler, que poco a poco verá afectada su vida y sus ideales de una forma verdaderamente drástica, llegando a cuestionarse muchas cosas sobre su organización. Con un guión sólido que no cojea en ningún momento, se convierte en una de las mejores apuestas de 2006, y en una película donde todos los elementos expuestos funcionan como el engranaje de un reloj, tocando momentos de tensión, romance, suspense e incluso comedia. Sabe elegir el tono perfecto en cada secuencia; resultando todo un logro para un director novel.

El pulso narrativo que se imprime en La vida de los otros es calculador y sobrecogedor, jugando con la doble moral del personaje hasta límites insospechados, llegando a causar un dilema moral no sólo en el capitán Wiesler (traición o corazón), sino en el propio espectador. El guión se escribe de forma matemática, donde cada cosa llega a su debido tiempo, sin precipitarse en ningún momento, de forma sutil y a la vez realmente efectiva; nada se provoca apresuradamente ni de forma artificiosa. Nos encontramos ante una cinta visualmente bellísima, a pesar de la oscura y apagada fotografía que se aprecia durante todo su visionado, logrando equilibrar los tonos con la emoción del fotograma.

En cuanto a los personajes, destacar un perfecto y sobrio Ulrich Mühe que no brinda una estelar actuación como capitán de la Stasi llena de infinita sutileza y virtuosismo. Transmite todo lo que tiene que transmitir, ese ahogamiento y desasosiego de su personaje queda reflejado de forma brillante en su perdida mirada y austera figura. Ulrich Mühe cierra una interpretación extremadamente difícil dada la complejidad del personaje, destacando la contención de emociones en diversas escenas. Su silencio resulta de lo más abrumador, e irónicamente charlatán, ya que transmite emociones por doquier.

A destacar el excelente final que da cierre a la cinta, y que de forma implícita está lleno se sentimientos. Personalmente me ha encantado, y menos mal que no acabó como todo el mundo creía cayendo en la lágrima fácil. La belleza y emotividad del rostro y de las palabras de la última escena es innegable e impagable.

En resumen, brillante producción alemana que se sustenta principalmente en un perfecto y calculado guión y en la potente y virtuosa interpretación de su personaje principal. Inteligente, honesta, y sencillamente soberbia, La vida de los otros se convertirá con el paso del tiempo en un film clave en nuestra particular videoteca -si no lo es ya. Puntuación: 8 sobre 10.


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lunes, 7 de abril de 2008

Monsieur Verdoux

Monsieur Verdoux: una de las películas más atípicas de la obra chapliniana es sin duda la que hoy nos ocupa. Y es que resulta cuanto menos inquietante ver a Charles Chaplin haciendo las veces de asesino en serie de maduras señoras adineradas. El gran logro de Chaplin en Monsieur Verdoux reside en dotar a su personaje de esa malvada actitud y al mismo tiempo conseguir que se marque una sonrisa en el rostro del espectador. Una vez más, Charles Chaplin muestra como un actor de comedia, puede interpretar a un delincuente que guarda el carisma y simpatía que siempre ha caracterizado al inmortal personaje de Charlot.

En esta obra de humor negrísimo y muy adelantada a la época en que se realizó, Chaplin aborda el tema de la muerte y los asesinatos desde un punto de vista cómico, sutil y mordaz, pero que la gente de 1948 no estaba preparada para asumir. Aún así, el mismo Chaplin, consideraba Monsieur Verdoux como el film más brillante de su carrera. Esta cinta de Chaplin está basada en el personaje real, Henry Landrú (1869-1922), condenado a la guillotina por el asesinato de diez mujeres. Esta idea surgió del joven talentoso Orson Welles para un documental novelado, pero más tarde, Chaplin la usaría en la que hoy conocemos como Monsieur Verdoux incluyendo el nombre de Orson Welles en los títulos de crédito.

En la película, Henri Verdoux (
Charles Chaplin) está casado y con un hijo, pero para mantenerlos, posee una doble vida y se dedica a casarse bajo identidades falsas con viudas ricas, de las que se deshace para apoderarse de toda su fortuna, y con este dinero viven él y su familia hasta que se agota y vuelve a la búsqueda de otra víctima.

Charles Chaplin dio un giro total con respecto a las comedias alegres y sentimentales que le caracterizaban a él y a su cine, y rodó esta sublime comedia negra. Su personaje es una mezcla paradójica entre la bondad y lo despiadado, pues en una escena, un hombre está podando sus rosales y evita pisar una oruga, mientras al fondo del jardín está incinerando en un horno los trozos de una de sus víctimas. El argumento está lleno de humor diabólico, una amarga sátira y una violenta crítica social. Se palpa durante toda la cinta esa doble dualidad moral que pondrá en entredicho al espectador.

Lo que más sorprende de Monsieur Verdoux respecto a las cintas anteriores de la filmografía de Chaplin, es que la factura ya no procede básicamente del cine mudo. Es la continuación de la estructura narrativa expuesta en El gran dictador, donde existía una alternancia entre discursos y escenas mudas. En Monsieur Verdoux se procede a una conversión total hacia la película sonora y hablada, abandonando completamente los orígenes del cine de Chaplin.

Desgraciadamente,
Monsieur Verdoux supuso el inicio de la última y más triste etapa de Chaplin en EEUU, país que abandonaría en 1952. Chaplin no era un enemigo acérrimo de EEUU, pero en el papel de Monsieur Verdoux (hablando él mismo en boca de su personaje, Henri Verdoux) fue indudablemente un crítico... en una sociedad que no aceptaba ninguna crítica.

En su comedia negrísima, trata el tema de la muerte como algo natural, e incluso hilarante. Monsieur Verdoux pasó sin pena ni gloria por las taquillas americanas, aunque más tarde se le concedería el reconocimiento que bien merece esta obra chapliniana; un clásico muy especial. Pero el público de 1948 no estaba preparado para contemplar la muerte cara a cara y salir del cine airoso y con una mueca en el rostro. Hoy en día, sin embargo, Monsieur Verdoux está consideraba como una comedia negra genial y figura entre los mejores trabajos de Chaplin, pese a la ausencia de su emblemático personaje, Charlot.

Y es que hay muy poco del inmortal Charlot en
Monsier Verdoux, pero eso no quita que se mantengan inalterables algunos de sus tics, costumbres y movimientos tan característicos, dotando al personaje principal, Henri Verdoux, de toda la comicidad y bondad que emana el carismático Charlot. Estos tics están presentes en la escena de la barca con Anabelle y mientras se esconde en su propia boda. Personalmente, creo que en el fondo Charles Chaplin nunca consiguió desprenderse del todo de su Charlot, ni en Monsieur Verdoux ni en cintas posteriores. Siempre quedará algo de Charlot en Chaplin, pues es algo innato y fabuloso de su personalidad. Puntuación: 8 sobre 10.

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